El buen Maestro

(Marcos 10: 17-31)

En la Biblia encontramos historias que, si las contextualizamos a nuestro entorno vemos como es tan real, que la Palabra de Dios cobra vida en cada párrafo.


Mientras leía la historia sobre el joven rico, me veo muchas veces acercarme a Dios con modismos políticamente correctos, "Maestro Bueno" dejando entre ver muchas, intenciones desacertadas, porque pensamos que somos aceptados por lo que hacemos, aquello que nos llevó mucho tiempo construir, y no estoy hablando de las cosas materiales, tampoco de aquellos logros que con sacrificio conseguimos, más bien un autoexamen que observando a este joven rico pude entender la paciencia que Dios me tiene.

En ocasiones podemos ostentar, "no hacemos nada mal a nadie, que conocemos la Biblia de principio a fin, hasta que guardamos cada detalles de la doctrina de la iglesia, que no somos como los mundanos (sólo porque no dicen ser cristianos), y que merecemos algo mejor", y todo esto me lleva a imaginar la mirada de Jesús como si se tratara de un primer plano, como en las películas, y veo en su cara la expresión como la de un padre que mira a su hijo con una suerte de decepción, cuando no entendió que la cuestión, "por ahí, no es".

Lo que más le importa a nuestro "Maestro Bueno" es que vos y yo le prestemos atención, que su voz, que sus lecciones sean lo que ocupan el lugar de importancia en nuestros corazones, el joven rico, no pudo sacar las riquezas de su corazón, de las cuales yo pienso que, si este hubiese decidido dejarlo todo y seguir a Jesús, el como buen padre que nos quiere ver, que sigamos obteniendo cada vez más cosas, le habría dicho "deja nomas, claro que alcanzaste la vida eterna"

¡¡¡Que Dios te Bendiga!!!